Quince

Quince

Acabo de escuchar uno de mis programas de cabecera, no me sonroja reconocerlo, “a vivir que son dos días”, en la ex emisora de los Polanco. Una de las cosas que les permite, y no quiero quitarles ningún mérito, los recursos que tienen es traer a personas realmente interesantes a perorar y hablar de su libro. Pues bien, esta mañana han charlado con una persona, cuyo nombre por supuesto no recuerdo, que es el urbanista autor de la idea de la ciudad de los quince minutos.

Lo que me ha lanzado a escribir esta nota dominical, nunca mejor dicho, no es tanto el concepto, sobre el que igual luego abundo, sino un par de ideas que han flotado en la conversación, supongo que ellos muy woke o como diablos se escriba y se entienda.

El primero de ellos es la conspiranoia. Como escuchantes de un programa cartesiano y woke miramos con una mezcla de condescendencia, desprecio y media sonrisa a aquellas personas que no se sabe si son legión, pero sí que hacen mucho ruido que responden con argumentos las más de las veces sin ningún tipo de base científica (algunos dirán que sin base sin más) a ideas que algunas veces, pero no siempre, vienen de la izquierda.

En la entrevista el atribulado autor de la teoría describía los ataques que ha sufrido en redes sociales, con argumentos tan poco plausibles como que era un esbirro de un gobierno mundial en la sombra que con esta idea de la ciudad de los quince minutos pretendía concentrar en guetos a los harapientos y menesterosos, mientras que el uno por ciento se movería, como viene haciendo desde hace más de un siglo, a sus anchas por todos lados, entre ellos la ciudad.

El entrevistador le contesta con un chascarrillo acerca de lo que esas mismas personas, dando por hecho que son las mismas, piensan que a las que nos han inoculado el medicamento, que no vacuna, contra la COVID 19, llevamos un chip que nos hace títeres de Bill Gates.

Aquí es cuando mi espíritu crítico, de las pocas cosas que creo que aún me quedan, me ha alertado, ojo cuidao que viene manipulación. ¿En que consiste esa manipulación, tergiversación, media verdad, trampa dialéctica o lo que usted mejor prefiera? Pues en uno de esos viejos trucos dialécticos que consisten en meter a todas en el mismo saco, como si ser crítica con la ciudad de los quince minutos automáticamente te sitúe en el mismo bando que fanáticos religiosos o terraplanistas.

Me ha gustado más la intervención del tercero en discordia, un periodista catalán, que sencillamente se ha limitado a plantearle preguntas, algunas de ellas a mi juicio ahora si plausibles, como los riesgos que tiene el concentrar a las personas y crear barrios de primera y segunda regional. El autor ha dado sus argumentos, y creo que es esa dialéctica la que enriquece, aparte de cocer. Por favor no más de “ustedes que votan con la derecha”, de mensajeros, vayamos al mensaje y a los argumentos. Los extremos se pueden tocar, en sus posturas, pero a mi me interesa más qué si dice que quién lo dice, aunque por supuesto hay que estar muy atento a lo segundo para detectar posibles intereses espurios.

Vayamos ahora a la segunda idea, que además me ha gustado mucho cómo ha surgido en la conversación. Se defendía el urbanista, que no urbanita, o lo mejor también, de las acusaciones de imposición con el sano antídoto de la recomendación. Es decir, que su propuesta no iba en la línea, como no puede ser de otra forma por otro lado, de decir lo que hay que hacer sino de recomendaciones que deberían tener un resultado positivo en la vida de las personas, y a ser posible, con algo de ciencia y técnica por medio, no un simple ensayo y error.

Pues bien, siguiendo ese hilo argumental se llega a lo que podríamos denominar líneas rojas. Y a mi ese concepto me gusta. Me gusta que las cosas sean claras, como el agua, y que el chocolate sea espeso. Ya he contado en alguna ocasión lo cansino que me resultaba, en mi etapa de Economía Social, tanto eufemismo y palabras prohibidas, que parecía que estábamos jugando a un juego de tablero en lugar de hacer actividad económica con la que ganarnos la vida. Pues bien, salió el tema de lo que podríamos denominar falsos derechos, y se mencionó al diablo, al rey, en masculino, del siglo XX, al coche.

El autor, y suscribo esta idea hasta el infinito y más allá, dijo claramente, lo cual es de agradecer, que si algo había de innegociable en su propuesta es la de seguir haciendo concesiones al coche, en el sentido de no poder modificar nada de lo que hasta ahora se ha entendido como “lo razonable”, y que podríamos resumir en ciudades que giran alrededor del coche. Y esto, igual ya lo he mencionado con anterioridad, me ha hecho posicionarme en conversaciones, de las que ahora mismo recuerdo una, en contra del coche. Se que puede sonar un poco sectario, y por supuesto que he sido conductor y propietario de coche, de la misma forma que he hecho cosas que ahora mismo no haría.

¿Cuál es el motivo del cambio? Pues que vivimos en otro mundo, así de sencillo. No voy a intentar en cuatro líneas describir los peligros que acechan al mundo, creo que la que más y el que menos sabe perfectamente a qué me estoy refiriendo, solo digo que escribo desde Málaga, es marzo, y hace ya un calor que las ranas van con cantimplora. El mundo cambia y lo hace cada vez más rápido, no es de extrañar que las personas, y sus costumbres, algunas atávicas, lo tengan que hacer también. Y si, o mejor dicho no, no existe tal derecho al coche, así, en general. Nadie tiene derecho a moverse a todos lados en coche. Supongo que bien pronto nuestros hijos verán como una excentricidad, por no decir un exceso, como esperpento o como chiste, fenómenos que no podrían ser más que yanquis, como ir al cine en coche o pedir comida rápida sin salir del coche. ¿Te imaginas?

Quiero concluir brevemente con un tercer tema, que no tiene demasiado que ver con esta pieza, pero al que le doy vueltas cada vez más, y es la piel de toro, España, y su buen clima. Ha sido en el tren de cercanías de Málaga cuando he escuchado a otra persona, por tanto no soy el único que lo piensa, que eso de que España tiene un clima fantástico va a cambiar pronto, sino es que ya lo ha hecho. Por supuesto por España se entiende la costa, principalmente mediterránea, porque todos sabemos que en España hay otros climas. Pues bien, particularmente en el sur empieza a hacer una cantidad de calor, y durante tanto tiempo, que casi es más recomendable veranear, que gran palabra, en otras latitudes más al norte, como hacían los bobones. He dicho.

-derecho a automóvil

-conspiranoia