Balas

Majestad, no se habla de otra cosa. Al coletas, a Marlaska y a la directora de la guardia cerril les ha llegado sendas cartas con sus correspondientes balas. A continuación la candidata de Vox a la comunidad de Madrid, Monasterio, pone en duda la versión de los hechos. En un debate radiofónico el coletas le insta a que se desdiga de sus palabras y condene sin tapujos la violencia. Monasterio condena la violencia, así en general, pero insta a su vez al coletas a que se pire. Éste muy airado deja el plató, y a partir de entonces se monta el guirigay.

No pretende este ministro frivolizar sobre un tema tan serio como una velada amenaza de muerte, que yo sí condeno explícitamente: me parece mal que al coletas, a Marlaska y a la directora de la guardia cerril les haya llegado una carta con balas. Y la misma opinión me merecerá cualquier otro suceso de similares características que acontezca en el futuro.

Dicho esto se abre a mi juicio un par de debates: ¿hizo bien el coletas en pirarse? Y el segundo: ¿esto es un antes y un después? ¿Se ha cruzado una linea roja que deja fuera de la democracia a Vox y sus muchachas? En caso afirmativo, ¿qué deben hacer el resto de partidos políticos? ¿Un cordón sanitario?

Mal papel

Esta es la expresión que a mi juicio define lo hecho por el coletas al darse el piro en el debate radiofónico en la emisora de los Polanco. Se la tomo prestada a mi padre, que en algún lugar debe de andar, siempre en mi recuerdo y en el de otros muchos. Mal papel porque ha hecho precisamente lo que le convenía a Vox y a sus muchachas: liarla. Claro que hay un punto emocional, que todas somos personas, que todo tiene un límite, que no todo vale, que jugamos cono nunca, perdimos como siempre, etc. Todo eso lo entiendo perfectamente, pero si alguien se autoproclama candidata a unas elecciones entiendo que tiene que asumir ser el rostro visible, para lo bueno y para lo malo, y que asume una serie de compromisos. No el de ser víctima de atentados ni cartas bomba, ese no, pero si el de estar en los debates a los que se convoque al partido por cuyas siglas se presenta, y a debatir.

¿Qué hubiera hecho este vetusto ministro? Quedarme. Y eso no significa necesariamente que no se pueda tener una actitud más o menos hostil contra quien lo es con una misma, o que no se pueda ignorar, como la que oye llover, cuando le interpela esa persona. Hay un amplio rango de actitudes que depende de unas supuestas aptitudes que debe tener una candidata. La palabra mágica es recursos. El coletas debería haber demostrado, yo creo sinceramente que los tiene, más recursos, y ser capaz de quedarse y no hacerle el juego a la extrema derecha, yo sinceramente no creo que sea un partido fascista.

Es imposible establecer paralelismos con lo sucedido ayer y lo que todas hemos visto en algún momento de nuestras vidas en un plató de Telecinco. Siempre me he preguntado qué tendremos las personas que a una amplia mayoría, y a su audiencia me remito, nos gusta en mayor o menor medida el morbo. Los diálogos faltones, la calumnia, a lo Inda, el chascarrillo fácil, los aspavientos, la sobreactuación, y el irse de un plató si no se habla del libro de uno. Y es ese el único terreno que este analista político de medio pelo cree que Vox sabe pisar, pisotear diría. Son buenas para nada, absolutamente incapaces de construir nada, y por ende gobernar. Dan vergüenza ajena allá donde van… y siguen recibiendo millones de votos.

Por tanto coletas, si me estás leyendo, si me queréis, quedarse.

Blanqueamiento

Es un término que se usa mucho estos días, blanqueamiento. Blanqueamiento hay de muchos tipos: de la ultraderecha o del fascismo, dental e incluso este menos conocido, pero no por ello menos importante, anal.

¿Se blanquea a la extrema derecha o al fascismo al invitar a Vox a un debate? Yo creo sinceramente que no. Las ideas, por más execrables que sean, deben ser combatidas con ideas, y los hechos, con hechos.

El poco rato que mi estómago me permitió escuchar en las ondas hertzianas el debate la señora Monasterio, qué gran apellido, le dijo al coletas que se pirase. Con el debido respeto, y habría que tirar de hemeroteca, debe de ser de lo más suave que se han dicho las unas a las otras incluso en sede parlamentaria. No justifico la mala educación, los malos modales, pero apelo, como he dicho antes, a los recursos. ¿Es que acaso no nos vamos a encontrar a un tipo que saque medio cuerpo de la furgoneta blandiendo el puño y diciendo que nos va a matar, no sabe una muy bien por qué? En el mundo hay violencia, mala educación, agresividad, contaminación. Está cargado de cosas que nos hacen daño, tendremos que saber defendernos.

Y aquí los argumentos, manidos cual bolsa de pipas abiertas el fin de semana anterior: que si es un partido con representación parlamentaria y merece el mismo trato, que si no se le da voz eso es censura y es aún peor, que la democracia debe defenderse de las que pretenden usar sus instituciones para socavarla, etc. No digo que no haya parte de razón en cada uno de esos argumentos, como todo en la vida, supongo, solo digo que una cosa son las votantes, otra los partidos políticos votados y otra las personas que están ahí puestas a dedo. Son tres cosas, cada una con sus intereses y sus motivaciones, y yo particularmente no voy a caer en la trampa de la legitimidad. Vamos a dejarlo en legalidad, lo otro da para escribir un libro.

Ideas, ideas e ideas, insisto en lo mismo. Se dicen auténticas barbaridades, cargadas de odio, ahora que Marlaska habla sobre ello, y yo diré una y mil veces: nada de eso debe estar proscrito, perseguido, prohibido ni nada parecido. Que se digan desde los púlpitos de las iglesias cuantos mensajes homófobos se quieran decir, que se señale al más débil, hace falta ser miserable, como hace Vox en su controvertida basura electoral. Las destinatarias de esos mensajes deberían ser capaces de identificar esos mensajes y descartarlos.

Pregúntese usted cómo es posible que un partido como Vox obtenga millones de votos. La respuesta es que el mundo está muy mal. Insisto en ello, el mundo, no nos vayamos a pensar que esto es una cosa patria.

Cordón sanitario y democracia militantes

El único cordón que le gusta a este ministro es el blue de las pechugas de pollo cordón blue. Quizá ha sido en Francia donde antes han tenido, en tiempos recientes, esa disyuntiva sobre qué hacer ante el ascenso de un partido de extrema derecha, como el Frente Nacional. Confieso no seguir demasiado lo que sucede al otro lado de los Pirineos, por lo que no tengo idea de si esa estrategia de marginar a Le Pen y sus muchachas ha sido así en realidad, y si en caso de haberse llevado a cabo ha dado los frutos esperados. Veremos si la espantá de ayer del coletas es un antes y un después en la política española, y veremos qué hacen el resto de partidos políticos que no son Vox.

Acabo esta perorata sabatina con un concepto que le escuché a un sesudo contertulio de la Secta, el de democracia militante, que confieso no había escuchado ni leído ni visto ni sentido ni inspirado antes. Acudiendo a la fuente de información que todo cuñado referiría en una conversación a grito pelao con palillo orejero y asida de brazo del contertulio incluida, la wikipedia, vi que hacía referencia al hecho de inspirar una constitución y sus instituciones en la defensa activa contra elementos hostiles, tales como por ejemplo partidos fascistas.

El sesudo contertulio señaló que el espíritu de los constituyentes, cómo me gusta esa frase, no fue el de hacer de la española una constitución militante, por el miedo, cómo no, a la división que había habido en el pasado. ¿Por que le llaman división cuando en realidad quieren decir dictadura? Como para no tener miedo con la carnicería que hizo paquito el chocolatero. ¿Deben ser las instituciones patrias militantes? ¿Deben dejar fuera a Vox, por fascista?

Pues igual mi comentario resulta frívolo, pero yo creo que las que debemos ser militantes somos las personas, las instituciones que hagan lo que quieran, supongo que perpetuarse, que es lo que han hecho siempre, desde los tiempos de los emperadores. Militemos, leamos, aprendamos, e identifiquemos lo que de verdad nos conviene, pero no desde el odio, que solo engendra odio, desde la construcción de algo mejor, que otra cosa no, pero mira que hay margen.