Ciclos

Pasa hasta con el fútbol y sus grandes estrellas; las plumíferas están fritas por enterrar a la estrella rutilante que ha liderado un equipo de fútbol durante los últimos años ante un varapalo (qué gran palabra) sufrido.

Es lo que ha ocurrido con la dimisión del Coletas de todos sus cargos. Qué tío. Bien, por ser honestas el «fin de ciclo» en este contexto se refiere más a la abrumadora victoria de I.D.A. en la comunidad de Madrid, y que parece ser que augura un nuevo rumbo donde el PP va a volver a ser lo que era, sobretodo ahora que Ciudadanos está ya liquidado, solo es cuestión de vayan cayendo, como hojas de calendario, los distintos comicios en aquellas plazas donde todavía tienen pica.

Pues bien, el Coletas, ese hombre. Creo que no es muy difícil darse cuenta de la poca simpatía que tiene este ministro ante su genio y figura, pero como casi siempre en la vida hay matices, y muy pocas cosas son blancas o negras. Dentro análisis.

Movimiento

Yo viví de pleno el 15M, en el sentido de haber sido adúltero cuando estalló, y de haber presenciado en vivo y en directo a los cientos de personas que okupaban Plaza de la Constitución (seguro que la rebautizaron) en Málaga, donde residía por aquel entonces. De hecho volví a Barcelona creo recordar días antes de que desmantelaran Plaça Catalunya a hostias, con todo lo que aquello supuso de baño de realidad.

No soy ni mucho menos un experto en el 15M, pues no participé en el mismo porque veía claro hacía donde iba aquello, y odio hablar como la pareja que, tras suceder lo que ella anunció, pronuncia el fatídico: «ves, te lo dije…». Pero eso no quiere decir ni mucho menos que deje de reconocer, en todos los sentidos, el trabajo de muchas personas que creyeron que la forma de cambiar las cosas era entrar en las instituciones.

Doy un paso atrás, como el cantante latino de moda, y vuelvo por un momento al 15M. El 15M estalló en un momento de tremenda crisis económica provocada por la Gran Recesión de 2008. Se abrió, como dicen los amigos de Economía Directa la «ventana de oportunidad» que parece que de momento se cierra.

¿Por qué estalló el 15M? En mi modesta opinión por algo bien sencillo: muchas personas percibieron que había menos que perder que que ganar. Nunca fue un movimiento revolucionario, pero si tuvo la virtud de aparcar las siglas para ver diagnosticar qué es lo que no funcionaba y proponer algunas soluciones.

Solo por citar algunas cosas de las que me suenan que en aquella época se debatía, sobretodo para ver con cierta desazón que nada de aquello se ha ni siquiera intentado: auditoría de la deuda, cambio del sistema electoral (listas abiertas, etc.), soluciones para el acuciante problema de la vivienda y de los desahucios y referéndum sobre Monarquía o República.

Nadie dijo que fuera fácil, pero nada de eso se ha ni siquiera intentado en estos 10 años. ¿10 años de qué? Que no pánico el cunda, en seguida vamos con eso.

Quiero cerrar este breve capítulo del 15M señalando algunas de las grandes corrientes que en ese ecléctico movimiento hubo, o hay, que igual está vivo todavía. Por un lado la izquierda más o menos convencional, que cree que la forma de cambiar las cosas es a través de entrar en las instituciones. Por otro lado una gran cantidad de personas que no habían participado de manera organizada en política. E insisto en decir en política, porque en contra de lo que nos quieren hacer creer, hay múltiples formas de hacer política al margen de votar o ser votada cada cuatro años. Ese grupo de personas se vio atraída por unas formas de hacer donde no había siglas, de lo contrario hubieran salido espantadas. Y por último había un grupo libertario, que quería profundas transformaciones y tenía claro que el participar en las instituciones no era el camino.

Partido

Y pasó lo que tenía que pasar, que del movimiento se pasó al partido. Era una reclamación de los medios de comunicación, de los poderes fácticos, de teocracias como Irán o de petrodictaduras como la venezolana, vaya usted a saber, pero lo cierto es que ocurrió.

Con una presencia en la Secta que cantaba por soleares, cuando a duras penas habían cosechado un sorprendente resultado en las elecciones europeas, se iba preparando el espacio que tenía distintos objetivos, según la sesuda analista que se consulte. Desde desbancar al PSOE, hasta desgastarlo, apuntalar al Régimen del 78 o destruirlo, de todo un poco, como en botica.

Lo cierto es que cuando el movimiento se transformó en partido pues pasaron las cosas que los que somos poco de ir a votar temíamos, a saber. Para empezar no todas las que movían su esqueleto corrieron raudas a ver dónde podían colocarse laboralmente en el partido. Por otro lado no se puede estar en misa y repicando, por lo que aquellas manifestaciones de miles de personas casi cada fin de semana pasaron a la historia. Y una tercera consecuencia todavía no se ha producido todavía, pero la dejo escrita en la sección «balance», me la juego.

En este capítulo toca hablar de al menos tres cosas: círculos, mareas y otras coaliciones.

El movimiento se transformó en partido, pero claro, iba a ser distinto, iba a ser de abajo a arriba. Se crearon círculos, donde las personas de a pie podían participar, y sus decisiones iban a marcar las decisiones del partido y de sus dirigentes, que iban a «mandar obedeciendo». Si eso fue cierto en algún momento, hace ya mucho que dejó de serlo. Enseguida se percibió que los padres y madres fundadoras imponían sus candidatas, y si estas no ganaban, pues tiraban de triquiñuelas para que así fuese.

Una nueva mutación: de círculos a triángulos, isósceles para más señas.

Luego se hizo algo que los que estamos en el movimiento libertario hemos visto cienes y cienes de veces por parte de las amigas comunistas o de la CGT: la capitalización de movimientos. La jugada es la siguiente, se identifica un bando en el cual se percibe que el grupo al que pertenece una misma es el mayoritario. Lo que a continuación se hace es invitar al resto de grupos, que tiene que cumplir como condición ser menos numerosos, a participar en una plataforma conjunta, por un interés en común. A continuación se pone al frente de esta nueva plataforma a los rostros visibles de la organización más numerosa, que oh sorpresa, es la nuestra. ¿Que se ha conseguido? Engordar la marrana.

Para aquellas que no sepan qué fueron, igual todavía existen, las mareas son aquellos movimientos de base en defensa de algún aspecto del estado del medioestar, a saber: educación, sanidad, vivienda, investigación, etc.

Pues bien se presentaron una sopa de siglas, como decimos despectivamente desde la extrema izquierda sectaria, a un seguido de convocatorias electorales, y se consiguieron algunas victorias muy notables, como en Galicia.

¿Qué problema hubo después? Que aquello era muy difícil de gestionar, y a las siguientes volvieron las aguas a su cauce y ganó el PP.

Aquí sesudas analistas señalaron el problema de la «implantación territorial» de los partidos, que explicaba las pertinaces victorias de PP – PSOE. Presentar candidaturas a todos los comicios es difícil. Hay que tener infraestructura, y eso cuesta dinero. Pero hay otro problema, el de las personas. Hay que reclutar contrarreloj a muchas personas, y claro, se te cuelan indeseables. Esto pasa en todas las familias, incluso en Vox y el PP, pero Podemos no iba a ser una excepción.

Gobierno

El corolario de este proceso fue el asalto a los cielos, que el Coletas preconizaba en la Secta sábado si y sábado no. Qué tiempos… Bueno, igual no se llegó a los cielos, y solo al descansillo, pero da igual, el estadista llegó a cotas a las que otro camarada comunista como Berlinguer no llegó, el gobierno, la Vicepresidencia nada menos.

Aquí me quiero detener porque los amigos, que antes he citado, de Economía Directa le dan mucha cera al coletas por haber llegado a tal enjuague. Supongo que es una crítica que personas situadas dentro del sistema pero a la izquierda del PSOE le hacen. Se critica que Podemos facilitara la investidura de Perico Sánchez, incluso con «fontanería», de forma activa, y luego que entraran en el Gobierno a sabiendas de que iba a ser despedazado por el PSOE, «izquierdaunidizado», de las peores cosas que te pueden pasar después de caer en manos de una tribu reductoras de cabezas…

Lo que no acabo de ver claro, y de hecho no explican, es: ¿y cual era la alternativa? ¿Seguir tirando dados y sacando cada vez un número menor de escaños?

Aquí llega una pregunta clave: ¿por qué diablos Podemos lleva años en caída libre? Y mi modesta respuesta es el «¿lo ves? Te lo dije…». Hay una axioma que en este caso se ha cumplido a rajatabla. Si quieres entrar en una discoteca, nada de calcetines blancos. Si quieres entrar en el Gobierno, las ideas las dejas en la puerta, atadas junto al chucho. Es un filtro endiablado, que no hay manera de rehuir, y es lo que ha sucedido.

¿Se acuerdan de los grandes problemas del Régimen diagnosticados cuando el partido no había nacido, y era solo movimiento? Pues absolutamente nada de nada de eso se ha llegado ni siquiera a plantear. Ni está ni se le espera.

Si las cosas son así, y para entrar en el Gobierno, el partido que había nacido para cambiar las cosas debe «tragar» la pregunta es: ¿y entonces por qué te voy a votar? Y en eso llegamos al punto en el que estamos.

Ojo que lo que viene ahora es ni más ni menos que a este vetusto ministro haciendo de abogado, en este caso del diablo, ni más ni menos que del Coletas. Bueno, del Coletas y de Podemos. Allá va.

Yo digo que Podemos no podía hacer otra cosa, debía entrar en el Gobierno. Era la única cabeza que podía entregar a sus seguidoras, la única victoria, por pírrica que fuera. Si no lo hubiera hecho, pues venga elecciones, y vuelta al bipartidismo, que es poco menos que lo que nos queda.

Desde dentro se ha podido hacer muy poco, es cierto, pero yo señalaría una gran victoria: el aumento del salario mínimo interprofesional. Y es destacable por dos cosas. Por un lado afecta a las que menos tienen, y por otro lado jamás hubiera sucedido en un Gobierno monocolor del PSOE.

¿Es mucho? ¿Es poco? Juzguen ustedes, pero si un mona en patinete no puede pretender ganar las 24h de Le Mans. Las instituciones las carga el diablo. Se me puede objetar: pues bien, ¿qué se hubiese conseguido de no entrar en las instituciones? Nunca lo sabremos, pero algo que métasenlo en las cabezas lamentablemente suele suceder antes de los grandes cambios sociales: la desestabilización del sistema para su posterior caída.

Si el movimiento no hubiera mutado en partido se hubiese podido seguir el programa maximalista y pedir todo aquello que se pedía. Nadie dijo que fuera fácil, pero esa es la apuesta de este modesto ministro.

Balance

El balance me temo que es lamentable, y sí coincido con los amigos de Economía Directa en que se ha cerrado la ventana de oportunidad que se abrió con la Gran Recesión. Quizá porque pese a estar atravesando otro momento difícil, aquí no se percibe que «el sistema», ese «1%» sea el culpable, es un elemento externo, un virus, nadie tiene la culpa.

Pues bien, tomo prestado de uno de sus sesudos contertulios algo de lo que no me había percatado, y es que en cierto modo, estamos peor que antes del 15M, y es que dado que tras la Gran Recesión hubo un estallido social, el sistema se rearmó de elementos represivos, cuyo culmen son la Ley Mordaza, la reforma laboral y la reforma del artículo 135 de la Constitución para pagar primero la deuda, y luego ya si eso….

Y siento volver a caer en el «¿lo ves? Te lo dije…», pero de momento no he perdido mi apuesta con mi suegra, en la cual yo afirmaba que el PSOE no iba a tocar lo esencial ni de la reforma laboral ni de la Ley Mordaza. A tal efecto es tierno ver al candidato Sánchez vociferar que se las iba a cargar, para pocos meses después darse cuenta de que no tenían mayoría para ello, para luego decir que solo los «aspectos más lesivos». ¿Resultado? Se queda todo como está.

Y ahora viene la profecía, con la que cual concluyo mi perorata dominical, la desafección. La militancia, que palabra tan fea, es como un péndulo: lamentablemente se va de un extremo, la participación, la ilusión, las ganas, al otro, el quedarse en casa. Y me temo que la apuesta fue muy grande, se prometió que «se podía», que el error era que todas las que no somos mucho de votar debíamos hacerlo, que les debíamos apoyar, y que ellas a cambio iban a ser diferentes. Era un nuevo «contrato electoral», si se quiere ver así.

El problema es que las libertarias estamos cansadas de ver eso a lo largo de la historia, y desde dentro no hay manera. Uno de los problemas, no me voy a extender demasiado en ello, ya se ha señalado. No te dejan entrar con calcetines blancos. Y si decides irte a casa a cambiar pues igual ya no te reconocen.

¿Qué nos queda? Pues darle caña al mono, que es de goma. Hacernos a la idea de que por las buenas probablemente no se va a conseguir lo que al menos algunas queremos, que es ir a la raíz del problema. Eso no significa acudir a la lucha armada, esa no es al menos la postura de este ministro. Significa hacer política al margen de las instituciones, dar soluciones inmediatas desde la base, sin necesidad de «pedir» a los poderes públicos la solución. Y si somos muchas por supuesto dar un paso adelante, e igual plantearse, es solo un ejemplo, que hemos decidido que no pagamos impuestos, que preferimos gestionar esos recursos por nosotras mismas.

Y que nadie interprete eso a lo neoliberal. Significa le llaman «lo público» cuando en realidad quieren decir «lo controlado por y para los partidos políticos». Ahí tenemos el bochornoso ejemplo del rescate a las entidades bancarias (que si, que fueron fundamentalmente cajas de ahorro), la mutación de Caja Madrid en Bankia y luego en Caixabank – Bankia que vaya usted a saber cómo se llamará. ¿Alguien tiene la sensación de que podamos controlar lo que está sucediendo?

Si la respuesta es no, es que igual «lo público» no es algo que se pueda controlar desde la base.

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