Barreras de entrada

El capitalismo es magistral a la hora de vender las bondades de su sistema y ocultar sus maldades. Para ello emplea varios mecanismos, uno de ellos es fagocitar aspectos culturales, tradiciones, tendencias, usos y cualquier otro elemento ajeno al capitalismo, incluso antitético con él, para confeccionar un producto, crear un mercado, identificar potenciales compradoras y lanzar un mensaje.

Hay muchos ejemplos, pero dos vienen a mi memoria. En el primero una marca de gafas, juraría que Alain Afflelou, lanza un mensaje según el cual todos tenemos derechos a cuidarnos la vista y bla bla, y que como son sensibles a esa necesidad social “democratizan” (eso da para una pieza) el acceso a un nuevo par de gafas a precio de saldo, oiga. Pues para ello visten el anuncio (no he conseguido encontrarlo, pero seguro que por ahí anda) con unas clarísimas referencias al 15M. Además a ese 15M temprano, donde no era nada desdeñable la presencia de personas que ponían en cuestión la raíz del problema, el capitalismo, por lo que es toda una paradoja que una transnacional se apropie (otro temazo, la apropiación) de elementos como una asamblea para vender su producto.

El otro es más reciente, y tiene que ver con la COVID19. Lamento no poder dar demasiados detalles, mi mala memoria es así, pero en este caso lo escuché en la radio, y venía a vincular algo tan serio como una pandemia con un nuevo producto de una compañía aseguradora.

Bueno, pues otro de los mecanismos que tiene el capitalismo es lo que se podría denominar el sueño americano. No me duelen prendas, como licenciado en historia (que no historiador) de medio pelo que soy, en reconocer que posiblemente el capitalismo es uno de los sistemas políticos y sociales de la historia de la humanidad donde con mayor profusión se ha dado una movilidad social real. Es decir, que el que nace pobre puede morir rico. Lo segundo no digo que no se de, pero me cuesta más verlo….

Pues bien, en esta segunda artimaña del capitalismo hay una ficción según la cual júntate con tu amiguete imberbe en el garaje de tu padre, que supongo que será abogado o médico para poder tener un chalete, crea una start-up y a funcionar. No digo que esto no sea posible, pero es que falta un pequeño detalle, el capital.

Y es que hasta el mismísimo capitalismo hay cosas que no puede ocultar, porque lo lleva hasta en su origen etimológico. ¿Y qué es el capital? Pues una barrera de entrada. ¿Lo tienes? Pasa. ¿No lo tienes? Bueno, pues cuando lo tengas me avisa y hablamos. Así de sencillo.

Pero lo que más me fascina es ver como paisanos de clase social me dicen aquello de “pues monta tu una empresa” o “es que ellos han arriesgado”. No se dan cuenta de que el cielo nos es negado, y que si no hay capital, pues no hay paraíso. ¿Cómo diablos voy a montar yo una empresa si no tengo donde caerme muerto? ¿A quién le pido el dinero, al banco? ¿A mis amigos, familiares y tontos? ¿Existen préstamos a interés 0 y a fondo perdido por parte del Estado? Pues la respuesta está clara: a galeras a remar.

No es la única barrera de entrada que existe, hay muchas otras. Les recomiendo el fantástico libro “ Las Redes de poder en España : élites e intereses contra la democracia” escrito por Andrés Villena Oliver. En esta prolijo trabajo de investigación desmenuza lo que en mi opinión son segundas y terceras espadas, las que manejan los hilos pero cuyos nombres y rostros no son tan conocidos. Se trata de toda la caterva de altas funcionarias, algunas incluso ministras, juezas, banqueras, etc. que llegan donde llegan porque son las mejores. ¿Seguro?

Pondré solo un ejemplo, que me dio mucho que pensar. La ínclita Nadia Calviño Santamaría, que no tengo el placer de conocer y a la que le presumo una capacidad intelectual y de trabajo fuera de toda duda, y no estoy siendo sarcástico, ha llegado a lo más alto por méritos propios, aquí si que estoy siendo algo sarcástico. Entre otras muchas cosas en su vida, se ha sacado unas oposiciones, algo de lo que el que estas líneas escribe no fue capaz. Claro, habla el resentimiento, la mediocridad, la envidia, ese pecado capital que devora a las españolas…. Pues no digo yo que no, pero hay un detalle que me llamó la atención y que doy por cierto, leyendo el libro que antes cité, y que acabo de corroborar en un periódico, casi oráculo, de la verdad y la imparcialidad, como es El Mundo1.

Pues resulta que se sacó unas oposiciones calculo que en los 90 (luego hablaré de por qué es importante que sea en una época más o menos reciente), nada más y nada menos que de “Tecos”, Cuerpo de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado. Hasta aquí nada que objetar, es mucho menos sospechoso que la casi milagrosa virtud de que los 3 hijos 3 del ilustre Mariano Rajoy Sobredo se sacaran en tiempo récord sendas oposiciones. Bueno, pues a la buena de Nadia Calviño le preparó las oposiciones un tal Román Escolano, que a la postre llegaría a ministro.

Bueno, pero ¿qué quiero decir con todo esto? Que una cosa es la élite y otra la oligarquía. Que no es lo mismo un sistema donde existan élites, aquellas personas que destacan en algo, basado en la meritocracia, de otro donde haya una pequeña oligarquía que ponga barreras de entrada. Bueno, ¿pero es que no se podía presentar cualquiera a esas oposiciones? ¿Es que acaso no se las sacó limpiamente Nadia Calviño y tiene todo el derecho del mundo a cobrarse la recompensa, un pedazo de puesto de trabajo? ¿Cual sería la alternativa al actual sistema de oposiciones, el de libre (y arbitraria) designación?

Un momento, Pepito Grillo, una a una. En mi perorata asumo un par de axiomas, a riesgo de pecar de cándido:

a) La señora Calviño supongo que posee cualidades innegables de carácter intelectual, que se manifiestan entre otras cosas en que habla varios idiomas, y una gran capacidad de trabajo.

b) Si nadie demuestra lo contrario, en general las oposiciones son limpias. El que se las saca no hace trampas.

Bueno, ¿entonces cual es la queja? Pues que existe una barrera de entrad, invisible, que no está publicada en el B.O.E. que es el tener tiempo y dinero para poder estarse meses y meses sin trabajar a una edad ya adulta para poder prepararse un examen durísimo que es muy difícil aprobar. Y supongo que mucho dinero, porque no todo el mundo puede acceder a que una persona que a la postre fue ministro, le prepare las oposiciones.

Y como esta pequeña historia muchas otras. La ficción de que todas estamos invitadas a la fiesta, pero la realidad de que hay obstáculos que solo vemos cuando nos damos de bruces contra ellos y que nos detienen. Que como siempre el capitalismo muta a mayor velocidad que un virus maligno, y ha entendido a la perfección que siempre es mejor ofrecer una aparente posibilidad de libre concurrencia, de llegar y cambiar las cosas, como es por ejemplo un sistema democrático representativo basado en sufragio universal, que una dictadura. Porque la simple ausencia del derecho al voto sería motivo para que las horas del lumpen se organizaran y fueran en comandita, portando teas encendidas, a la zona alta de la ciudad a quemar las casas de los indianos.

¿Que su PYME quiere contratar con la Administración Pública? No hay problema, luz y taquígrafos, los concursos se publican en internet y puede participar cualquier empresa, desde la grande a la pequeña. Esto es fantástico. ¿Seguro? Existen dos pequeños inconvenientes, lo que se denomina la solvencia económica y la solvencia técnica. La primera consiste en que para poder presentar una oferta al concurso público de turno la empresa tiene que demostrar una facturación anual de equis miles de euros. Claro, ¿y cómo se consigue facturar esos euros? Siendo grande. Ya, pero es que somos una empresa familiar, pequeña y… ¡Ah, se siente! Las grandes se quitan ya de un plumazo un buen puñado de molestas moscas.

Ahí va la segunda, la solvencia técnica. Hombre (nunca ¡mujer!, nótese), es que es lógico. Si el concurso va de crear una aplicación para gestionar los hospitales pues la empresa que se presente debe acreditar que sabe hacerlo. En eso estamos de acuerdo, pero ¿es correcta la forma de demostrar esa pericia? Pongo un par de ejemplos de las artimañas que incluyen la gran mayoría de las licitaciones para evitar que muchas empresas pequeñas puedan ni siquiera presentarse:

a) Certificaciones. En un caso fue bochornoso porque para licitar en las vascongadas la empresa tenía que acreditar que poseía una certificación que solo su propio gobierno expedía. ¿Qué probabilidad hay de que una empresa de Ceuta gaste recursos en obtener esa certificación? ¿Para qué demonios sirve?

b) Acreditar proyectos similares. Se suelen pedir facturas relacionados con proyectos cuya tipología coincida con la que se está ofertando. Parece lógico, pero siguiendo con el ejemplo de los hospitales, supongamos que las licitaciones no salen por menos de 1 millón de euros cada una, por lo que vemos que por el criterio de solvencia económica ya no hay nada que hacer. ¿Cómo diablos voy a acumular contratos similares si no me puedo ni presentar?

E insisto en ello: si no se cumplen ambos criterios la oferta queda descartado, vamos, que ni se abre el sobre que contiene la propuesta en si. No es que sea una fase asimilable a la de concurso en una para cubrir un puesto de funcionaria en la modalidad concurso-oposición, a saber, que si tienes equis cursos te dan puntos y si no tienes 0. Es aún peor: si no superas los criterios (barreras de entrada) de solvencia económica y técnica, los dos, no hay nada que hacer.

Bueno, ¿y cómo han hecho las grandes para entrar en la rueda? Muy fácil. O entrando sin pasar por todas esas barreras, porque les han dado a dedo un contrato con el cual ya pueden acreditar la solvencia técnica, o bien escalando peldaños, concatenando lo que se conoce como contratos menores. ¿Y qué son esos hermanos menores de los contratos? Pues aquellos que se sacan a concurso y cuyo importe no llega a 15.000 €, por lo que pueden ser adjudicados a dedo. Y ya se pueden imaginar ustedes la historia, ¿no?

Pues eso, que la próxima vez que en comida familiar de no más de diez personas el cuñado, hablando con la boca llena y golpeando con insistencia partes del cuerpo propio como ahora la espada, o tirando insistentemente del brazo, diga que “pues monta tu la empresa, no te jode” ya tienen artillería para contraatacar.

1https://www.elmundo.es/cronica/2018/06/09/5b1c1af3e2704e1e4d8b45d2.html

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *