Datos

Están de moda los datos. Son objetivos, se obtienen de una forma científica, son incontrovertibles y lo más importante, sirven para sostener algo que carece de todo lo anterior, opiniones, y en última instancia para tomar decisiones.

Bueno, yo no estoy tan seguro de ese paradigma, e intentaré explicar el por qué. Me gusta siempre que tengo dudas acerca de o cuestiono algo darle la vuelta como a un calcetín, supongo que en cierto modo ensayando el contrafactual. ¿Si no es a través de datos cómo se forman opiniones y se toman decisiones? Demasiado pronto todavía en esta pieza para elaborar la respuesta, lo intento al final de la misma.

Lo que me ha decidido a desempolvar mi vieja Olivetti y escribir estas sesudas lineas es el a mi juicio sorprendente anuncio de los resultados de un estudio de un hospital acerca de la transmisibilidad del virus (SARS-CoV-2) desde los niños a los adultos1. No entro tanto a juzgar la metodología ni las conclusiones, pero hay algo que me llama la atención, y es la muestra. ¿Son 2.100 individuos una muestra suficiente y representativa en estadística para realizar un estudio cuyas conclusiones sean replicables si tomamos una muestra en similar en cualquier otra parte del planeta? Sospecho que no.

Reconozco que la ignorancia es muy atrevida, y que puedo pecar de estar equivocado. Sería necesaria la voz de un estadístico que refutara o confirmara mi duda, porque creo que la duda es siempre sana. Y luego viene esa correa de transmisión, en apariencia de lo más inocente, pero que nos ha dado algún regalo en forma de ridículo espantoso de un político en fechas recientes. Consiste en seguir meticulosamente el siguiente itinerario:

a) El poderoso selecciona el mensaje que le interesa proyectar a la opinión pública, convenientemente apoyado en sus múltiples asesores de comunicación.

b) Se produce la llamada de turno a sus corifeos, esos profesionales de intachable trayectoria que solo dicen lo que piensan, y que trabajan en medios que les dan total libertad para expresarse, faltaría más.

c) Al alimón seleccionan aquellos objetivos estudios que corroboran el mensaje descrito en el apartado a)

d) Publican dicho estudio, que probablemente no han leído más allá del resumen ejecutivo, extrayendo aquellas partes que refuerzan el mensaje descrito en el punto a). Y no lo dice la SER, ojo, lo dice la Universidad de Wichita en un estudio sobre el sexo de los ángeles que…

Impagable fue el papelón de Pablo Casado, alias el muñeco de la tarta, como dice una persona muy allegada, que se planta en la sede la Soberanía Nacional para citar un prestigioso y objetivo estudio2 que deja a la altura del betún a su rival electoral, actualmente instalado en el poder Ejecutivo.

Y luego está lo que los economistas saben muy bien, que los datos se pueden retorcer hasta que digan lo que uno quiere que digan.

Por otro lado me gustaría citar hasta donde ha llegado el paroxismo y la obsesión por el dato en el mundo empresarial, bueno, para más señas ese escaparate grotesco de winners que es Linkedin. Empresas “orientadas al dato”, “toma de decisiones basadas en datos”, “KPIs”, etc. Es que he llegado a leer, reconozco que solo en diagonal el titular para evitar un corte de digestión, que los directivos que se preparen, que las empresas van a tomar decisiones basadas en unos algoritmos que ….. Una locura.

Por supuesto que la información y los datos son importantes, pero no nos engañemos, no estamos preparados para que nos digan aquello que no queremos escuchar. Son innombrables los estudios encargados por el poderoso y que luego han dormido el sueño de los justos en un cajón porque no decía aquello que el pagano quería que dijese.

En el otro extremo, actuar al margen e incluso en dirección diametralmente opuesta a los datos, como están haciendo por ejemplo los inefables Trump o Bolsonaro es probablemente fanatismo, ignorancia, dogmatismo o todo junto.

Este amigo de ustedes piensa que hay que asumir los límites que tiene el conocimiento en la actualidad, y no pasa nada por reconocer que ni tenemos pajolera idea de, por ejemplo, el número de infectados por el virus SARS-CoV-2 en España, y que muy probablemente sea imposible saberlo. ¿Lo han escuchado bien? Imposible. No pasa nada por reconocerlo. Los que nos dedicamos a los unos y a los ceros sabemos que es muy habitual la presencia de falsos positivos, y que por tanto prudencia. Prudencia cuando mides algo, te sale un valor que consideras desproporcionadamente alto, y a correr como pollo sin cabeza. Y que quede claro, este servidor de ustedes no es negacionista.

Lo que intento describir son los excesos de la sobreinformación, y su derivada, la información en tiempo real. En el primer caso, el de la sobreinformación, tenemos que un buen día, sin comerlo ni beberlo, aparece un nuevo indicador del que no teníamos la menor idea y que resulta que gobierna nuestras vidas sin que lo sepamos, y que a partir de ahora es lo primero que debemos consultar cuando nos levantemos, por encima de si nuestros hijos aún respiran. Ejemplos: la prima de riesgo, los infectados por el virus SARS-CoV-2, etc.

Si algo abre un telediario y las portadas de los periódicos de mayor tirada es que es importante. ¿Cómo es posible que hubiéramos ignorando durante tanto tiempo ese dato? Pues bien, si algo se repite muchas veces acaba convirtiéndose en verdad. Y aquí casi siempre la misma trampa: el dato se descontextualiza. Se acostumbra a dar en términos absolutos: 345 puntos, 1.234 infectados en un solo día, 23.567 muertos. En cambio no se nos da el dato en términos relativos, comparando con períodos temporales tales como el año anterior o en relación a otros estados de similar características a nuestra querida piel de toro.

Por otro lado está la obsesión con tener el dato en tiempo real. El ejemplo más reciente es no tener los datos de infectados de coronavirus los fines de semana. Es una demanda que llena las plazas del reino, losh ciudadnosh españoles, como diría Pablo Casado, tienen derecho a saberlo, y el malvado Perico Sánchez nos lo oculta. ¿Alguien, poder público o individuo va a tomar una decisión porque un sábath o domingo se tenga un dato u otro?

Yo soy más de tener unos principios sólidos, apriorísticos, a riesgo lógicamente de caer en el dogmatismo. Y si hay datos que sistemáticamente refutan uno de los axiomas en los que se sostiene nuestro andamiaje ideológico, como que los reyes magos existían, pues toca cambiarlo. Asumamos que no podemos saberlo todo, y seamos críticos con la información. Demandemos los datos que quizá importan y no aparecen, como el número de plazas disponibles y okupadas en las UCI, o el número de respiradores. Porque si los totales son bajos, se puede demandar a los poderes públicos que se aumente la inversión (que nunca gasto) sanitaria.

1https://www.sjdhospitalbarcelona.org/es/2000-personas-participan-estudio-kids-corona-casales-analizar-transmisibilidad-covid-19

2https://www.cmawebline.org/ontarget/grid-index-tracking-the-global-leadership-response-in-the-covid-19-crisis/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *