Colegial

Por colegial no me refiero a la persona que va al colegio, sino por el atributo de pluralidad, de estar compuesto por más de una entidad, de organizaciones, decisiones, etc. Así hablamos de, por ejemplo, el Gobierno como un órgano colegial.

Pues bien, me asalta la duda de si esto se entiende de la forma adecuada en la actualidad por parte de los políticos. Es muy habitual, y lo considero una mala praxis, que al político de turno se le caliente el hocico y cuando se le planta un micrófono delante dice lo primero que se le pasa por la cabeza. Un ejemplo lo tenemos en la reciente declaración1 del Presidente de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha que dejó del titular de que “el 80% de los casos que nos han llegado vinieron de la bomba radioactiva vírica que se plantó en Madrid”.

La reacción de los aludidos no se hizo esperar, pero una cosa que este atribulado ministro sin cartera hubiera hecho es preguntar: ¿suscribe el ejecutivo de Castilla-La Mancha esas palabras? ¿Y su parlamento? ¿Habla García-Page a título individual o en representación de un órgano colegiado, el ejecutivo de su comunidad autónoma?

Por cierto, me acabo de dar cuenta de que todo son guiones: García-Page, Castilla-La Mancha. Urge revisar el reformado estatuto de autonomía de esa comunidad autónoma para ver si es requisito para acceder a la poltrona. No cumplen este requisito, pero creo que podrían colarse, todos los árbitros de fútbol de cuyo nombre nos acordamos: Brito Arceo, Andújar Oliver o mi favorito, Japón Sevilla.

Bueno, después de esta tontería vuelvo al redil. Como ya he señalado en alguna ocasión es demasiado habitual el hiperliderazgo que anula el debate interno y la disidencia en órganos colegiados. Aquello que inmortalizó el joven librero sevillano Alfonso Guerra de que “el que se mueva no sale en la foto”. Cuando el líder habla, el resto calla. A ver quién es la guapa que tras la perorata del máximo cargo orgánico de un partido se atreve a tomar la palabra.

La segunda derivada, esta menos evidente, es la que podríamos denominar “la entrevista al personaje”. Si son sufrientes televidentes de la Secta, como este servidor de ustedes, aunque cada vez menos, entenderán a lo que me refiero cuando una y otra ves invitan en “La Sexta noche” al inefable Ibarra. Y claro, éste no dice que no, le gusta más un plató de televisión que al tonto un lápiz.

La primera pregunta que me asalta es: ¿por qué está esta persona aquí? ¿Por qué la entrevistan? Y ojo que la cuestión no es baladí. La respuesta de primeras puede ser por la relevancia del personaje público, por el reconocimiento que merece sus logros, como ganar empedernidamente elecciones, meter goles en calzoncillo largo o ganar competiciones transnacionales de lanzamiento de semillas de olea europaea, Suponiendo que cualquiera de estas cosas sea un mérito, y haga a esa persona parte de la élite, cuando no de la oligarquía, matiz que merecerá una futura pieza, la siguiente pregunta es: ¿y que sabe este, pongamos por caso, ex-director de sucursal bancaria de medicina? ¿Por qué se le pregunta, es solo un poner, acerca del virus SARS-CoV-2 si no tiene el menor conocimiento científico?

Se acostumbra a contraargumentar que es por su visión clara, cual oráculo de Delfos, porque ve donde los demás no vemos, vamos, lo que viene siendo un Iñaki Gabilondo. Pues bien, creo que todo plegado es un pequeño disparate. Ni la persona entrevistada muchas veces es ejemplo de nada, más que de la extracción de una pequeña oligarquía sin más mérito que el arribismo, ni tiene el conocimiento ni la solvencia profesional para opinar sobre gran parte de las cuestiones preguntadas, ni creo que importe demasiado su opinión personal.

Y en este punto es donde me gustaría detenerme un instante: en las opiniones personales. ¿Por qué tiene más valor la opinión personal de un rostro conocido que la mía? No se trata de caer en una pueril pataleta para llamar la atención, sino que es una pregunta a hacerse si de verdad se quiere crear eso tan cacareado de un “espíritu crítico”.

El proceso que planteo como alternativa es leer, informarse. ¿Que se quiere saber, por ejemplo, cómo llegó la familia Franco a hacerse con el Pazo de Meirás? Pues léase, seguro que hay fuentes de todo tipo en las procelosas aguas de la red de redes, y con el hábil tamiz de la educación pública de la que gozamos seguro que llegamos a destilar la información que queremos.

¿Que qué opinión tienen la persona conocida A o la persona conocida B? La pregunta que yo me haría es: ¿y qué piensas tu? ¿A ti que te parece?

Porque como ya he señalado las opiniones personales personales son. Harina de otro costal es cuando esa persona, sobretodo si es el mandamás de una organización, como por ejemplo el presidente del Gobierno, habla en nombre del órgano colegiado del que forma parte. La diferencia estriba en que adelanta posturas que, se entiende, se materializarán luego en tiempo y forma. Bueno, a veces eso no ocurre, como cuando Torra anuncia, que no convoca, la convocatoria de elecciones de forma anticipada y si te he visto no me acuerdo.

Pero es que incluso si fuera el caso, si la persona habla en nombre del colectivo, se debería hacer en tiempo y forma. Si fuera posible siempre por parte de la persona que toca, la “portavoza”, y no el líder supremo. Y si puede ser donde toca, en la sede del órgano al que “portavocea”, y no en la radio a la que la invitan. Toda regla tiene su excepción, y lógicamente si hay temas urgentes se puede salir a la palestra a dar explicaciones. Pero siempre que quede claro que se habla de forma colectiva, he dicho.

1https://www.abc.es/espana/abci-garcia-page-80-por-ciento-casos-llegado-vinieron-bomba-radioactiva-virica-planto-madrid-202009022148_video.html

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