Gemela

Debe de haber alguna expresión que designe el hecho de que alguna persona, en la otra punta del planeta o de la escalera de vecinos, piense algo idéntico a lo que tu piensas. A falta de averiguar la palabra o el concepto, que estoy seguro de que ya alguien la ha acuñado, emplearé la palabra “gemela”.

Pues bien, el otro día escuchando uno de mis programas de cabecera, Ampliando el debate, uno de los contertulios empleó el concepto “partidos – empresas”. Si habré achicharrado yo a mi santa en los desayunos dominicales con ese concepto…

A saber, se dice del partido político que por su dimensión se comporta como una empresa. Es decir, más que actuar en beneficio del común de los votantes, obedece a los intereses de distintas personas, todas ellas relacionadas con el partido: sus lideresas, sus afiliadas, las personas que gravitan de una u otra forma a su alrededor, las que manejan los hilos sin que su nombre salga impreso en papeleta alguna.

Por la Mama que yo no recuerdo haber leído ni escuchado a naide emplear ese término, “partido-empresa” antes de que yo empezase a utilizarlo. Lógicamente no reclamo su autoría, pues soy del parecer de que absolutamente todo lo que a una se le pase por el magín otra ya lo ha hecho antes, y probablemente mejor. Lo que sí me hizo gracia es observar como a otra persona se le puede ocurrir lo mismo que a mi, que no estoy sola, en suma, en este mar de personas.

Si esa seguimos profundizando en esa idea, la de que tenemos una gemela por ahí, pues igual nos venimos arriba y pensamos que podemos ser cientos, miles, igual hasta una mayoría “social”, como se le apellida ahora. Poco probable, tengo que decirlo, porque normalmente cuando eso sucede, cuando hay muchas personas que piensan algo, que reman en una misma dirección, que comparten alguna inquietud, se genera un movimiento, y a estas alturas de la vida, se acaba sabiendo, verbigracia de la sociedad de la información.

Que dos personas que no se conocen lleguen a conclusiones similares no es algo nuevo, seguro que existe un libro que glosa la de casualidades históricas que se han debido dar a este respecto. A riesgo de ser incorrecto creo recordad que algo similar ocurrió con el cálculo infinitesimal, cuya autoría se disputaron, Newton y Leibniz. La cuestión es que si alguien analiza la realidad que le rodea en forma similar, y llega a conclusiones similares, es que igual una no está chalada del todo.

¿A qué viene toda esta perorata? A que las que nos movemos entre un sistema político, social y económico que no nos gusta y que queremos cambiar, pues a veces oscilamos entre el pragmatismo de vivir la vida que nos ha tocado en suerte de la mejor forma posible y el maximalismo de querer colocar el mundo y todo lo que lo compone exactamente en el lugar que nos gustaría.

A veces me pregunto qué diría yo si me invitaran de sesuda tertuliana. ¿Diría lo que se espera de alguien de izquierdas, ma non troppo? ¿Me adscribiría a uno de los dos bloques y haría el análisis que se espera? ¿O me soltaría la melena y diría lo que pienso?

Pongamos un ejemplo, que igual las cosas se ven más claras, el toque de queda. Un gobierno responsable, ante un mal mayor como una pandemia, debe declarar el estado de alarma o cualquier otra medida legal que tenga a mano para evitar que sus compatriotas caigan como chinches. Ríos de tinta han corrido sobre si esto era lo correcto, si una administración le estaba endosando el marrón a la otra, etc.

En conversaciones familiares mi postura era, es y, creo, será siempre la misma: el confitamiento debe ser voluntario. No soy negacionista, y yo individualmente me muevo menos que los ojos de Espinete, pero nunca, nunca aceptaré que el recorte de derechos y libertades sea ni una opción, ni el mal menor ni nada que vaya a ser bueno para mi cuerpo serrano ni el de mis congéneres. Es una trampa tan vieja como el poder.

¿Esto es maximalismo? Si, del bueno, lo admito. ¿Podría someter esa posición si me hubiera enrolado en las CUP o en Podemos? No hubiera durado ni dos hielos en un güisqui on the rocks. ¿Entonces? Pues que sinceramente creo que a medida que escalas en la pirámide del poder se va estrechando el horizonte, y lo que antes era posible ahora deja de serlo.

Otra opción: la auditoría de la deuda. ¿Alguien se acuerda de esa reivindicación? Y espera, espera, que va otra: la reforma de la ley electoral. Si tuviera a mano uno de esos llaveritos de plástico que hacen sonido hubiera presionado la tecla de las carcajadas. ¿Se llama eso realpolitik, tocar de peus a terra, résponsabilidad (con tilde en la primera e)? Pues no se, como nunca me he visto en una de esas no puedo decirlo, supongo que no tiene que ser sencillo.

Mientras haya un alma gemela que piense y verbalice lo mismo que se me ocurre creeré que no estoy sola. Pero es que aunque lo estuviera, ¿significa eso que solo si hay un partido que se presenta a unas elecciones y lleva en su programa electoral una idea esta pasa, por arte de virlibirloque, a ser “posible”? Ese es un error mayúsculo. Debemos ser muy cuidadosos con el lenguaje, y distinguir política de partidismo. La primera a mi juicio es una bella palabra, lamentablemente con muy mala fama. “Huy, yo de política no entiendo”. “Es que a mi no me gusta la política”. “Eso es politiqueo”. Probemos a substituir en esos casos la una, política, por la otra, partidismo, y creo que las frases se ajustarán más a la realidad.

Política es la gestión de lo público, y debería ser a lo que se dedicaran todas y cada una de las personas, y más aún las que cobran por ello, de, como no podía ser de otra forma, las paganas que somos las que nos vemos esquilmadas por el Estado vía impuestos. Y créanme, que no soy anarcocapitalista, pero si que esta mañana le daba vueltas a eso de “lo público”. No tengo muy claro que estratégicamente debiéramos apoyar a las mareas, que no tengo muy claro qué son exactamente, en defensa de “lo público”. Tengo muy claro lo que no quiero, eso suele ser lo sencillo, pero estos años han demostrado que el engranaje y la podredumbre, los juegos de intereses, que rodean al Estado y todos sus tentáculos hacen que a veces no sepa si es peor el remedio que la enfermedad.

En fin, que seguiré pensando y escribiendo, a ver si alguna gemela lee esto y piensa igual que yo… o yo igual que ella.

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