Restricciones

El debate está servido: vida o economía, restricciones o libertad, y así hasta el infinito. Ahora volvemos, como diría la canción, un pasito p’atrás. No nos podemos mover entre comarcas, o eso creo, porque la verdad es que no estoy demasiado al tanto. ¿Cual es la postura de este vetusto ministro? Pues que jamás admitiré ninguna restricción en ninguna libertad, y mucho menos en las que la sacrosanta Constitución.

Por supuesto que entiendo el debate, y las distintas postura, pero ojo que se ha abierto un debate muy peligroso, que continúa con ese eufemísticamente llamado “pasaporte verde” (siempre positivizando el lenguaje) y que igual acaba con la obligatoriedad de vacunarse para mayores de edad. Y dejo claro, porque esto al menos a mi me parece importante, que estoy a favor de las vacunas, y en la medida que ha dependido de mi, mis churrumbeles están vacunados.

Los ingredientes son los siguientes:

a) Derechos y libertades (fundamentales, añado). Entre otros ir cada uno a donde se le antoje, al menos dentro de unas fronteras más o menso definidas, por simplicidad asumiremos que las del territorio español, aunque se puede extender el debate hasta el espacio Schengen. Están recogidos como no podía ser de otra manera en el ordenamiento jurídico de distinto pelaje.

b) Situación excepcional. Básicamente una pandemia. Los que entienden de estas cosas señalan una batería de medidas para mitigar su efecto nocivo, entre otras cosas la reducción de la movilidad no imprescindible. Hay muchas otras cosas, pero por simplicidad nos quedamos con esto.

c) Instituciones (Gobierno, Parlamento, etc.). El ordenamiento jurídico da potestad a diferentes órganos, fundamentalmente Gobierno y Parlamento, para que decreten medidas excepcionales que restrinjan derechos y libertades fundamentales. Pueden entrar en juego otras instituciones, como juezas y comunidades autónomas.

d) Partidos políticos. Muchas veces se deja fuera del debate a estas entrañables amigas, pero es la madre del cordero de muchas cosas que suceden. Las instituciones (Gobierno y Parlamento fundamentalmente) obedecen, para desgracia de las súbditas del reino de España, a los intereses partidistas, y no al interés general.

Muy bien, pues con estos ingredientes vamos a preparar un combinado. Resulta que los partidos tienen presencia en las instituciones, y se ven ante la tesitura de tomar medidas impopulares, como por ejemplo el toque de queda o limitar determinados desplazamientos, y ahora toca decidir qué partido asume el desgaste. Todos silban y miran hacia arriba, pero al final se sacrifican en aras del bien común y nos colocan un yugo a las ciudadanas, que además en ocasiones lo exigimos.

Hombre, un poco tendencioso todo plegado, ¿no? Bueno, yo solo digo que escucho a muchas personas quejarse del desmadre que se ha organizado acá o acuyá, que fíjate esta, que va sin mascarilla, que la otra, hay que ver qué irresponsable, viaja a ver a sus padres, etc. Que conste que yo estoy de acuerdo en censurar todos estos comportamientos, estamos generalizando, pero en lo que discrepo es en el casi ruego de que nos pongan las cadenas, que no se levanten las medidas restrictivas, por miedo a que esto sea el desmadre.

Y el desmadre significan muertes, lamentablemente, por tanto el tema es muy serio. No escurro el bulto, toda decisión tiene sus consecuencias, y a mayor importancia de las decisiones, más graves pueden ser las consecuencias. ¿Podría acusarse a una persona que okupa un cargo en una institución de las muertes que ha podido causar una de sus decisiones? Por supuesto que si, como por ejemplo al amigo Chema cuando apoyó la carnicería en la guerra de Iraq. ¿Demagogia barata? En mi opinión no. Repito, toda decisión tiene sus consecuencias, más o menos graves.

Entonces, ¿no sería irresponsable que esto fuese el campi qui pugui, que solo hubiera recomendaciones, y que cayeran compatriotas como chinches? ¿En qué quedamos, hay sociedad o solo un conjunto de individuos? Pues lo de siempre, que no se puede estar achicharrando todo el día lanzando mensajes absurdos de competencia, de propiedad privada, de marca personal y todas esas chorradas, que en última instancia potencian la visión del ser humano como un individuo que casi ve como una amenaza al congénere que tiene al lado, y luego pretender que solo por un ratito pensemos en los demás. Por supuesto en cuanto escampe la boira y se acabe la pandemia, las cabras al corral, y vuelta a todas contra todas.

Yo creo en la responsabilidad individual, lógicamente hay excepciones, como personitas que todavía están creciendo e igual sus cuidadoras están a su cargo y toman esas decisiones, pero muy importante en la colectiva también. Esto quiere decir que las personas adúlteras, con suficiente información, son capaces de tomar las decisiones que colectiva e individualmente le son más propicias sin necesidad de que alguien, léase los cuerpos represivos, le amenacen con castigos si no cumplen. Las multas, los porrazos y las cárceles, amigos y amigas, no van a hacer que desaparezcan ciertos comportamientos, eso está más que estudiado y demostrado.

No quiero entrar en ese debate ahora, porque sería muy largo, pero vinculándolo con el tema punitivo, por más que se endurezcan las sanciones en ámbitos como la violencia, el conducir tajado o los hurtos, estos comportamientos no desaparecen. Exactamente lo mismo con las restricciones que estamos viviendo ahora. El contrafáctico, indemostrable por naturaleza, sería que el enfoque no es ese, el enfoque es que habiendo castigo hay incumplimientos, si no los hubiera habría desmadre. Lo dicho, contrafáctico, no tiene demasiado recorrido, es casi un acto de fe adherirse a ese razonamiento o no.

Admitir como necesario el castigo, la represión, vamos a llamarlo por su nombre, es realmente triste. Significaría que nos autodeclaramos incapaces para la vida en sociedad, y pedimos a gritos que nos flagelen. ¿Puede ser la cosa más absurda? Y esas personas que nos reprimen, ¿no son acaso personas como nosotras? ¿Por qué entonces admitimos que nos repriman? ¿Saben algo que nosotras no sabemos? ¿Tienen capacidades que nosotros no tenemos?

Lo que si vemos más de una es el enorme peligro, el terreno pantanoso, en el que nos estamos metiendo al crear un precedente, porque hoy es una pandemia, pero mañana puede ser un conejo sacado de la chistera. He señalado solo dos ejemplos de realidades que son el epílogo de estos recortes de libertades, la (recurrida) ley gallega de vacunación1 que habla, en su artículo 5, de “autoridades sanitarias autonómicas y locales” que podrían “adoptar medidas preventivas de obligado cumplimiento”. Por otro lado el Digital Green Certificate2 que “will facilitate safe and free movement”. Pero si yo antes me movía por el espacio Schengen si en ese documento, ¿en qué me facilita un movimiento libre y seguro? ¿Lo extiendo en el suelo y cual alfombra mágica me va a transportar sobrevolando las cabezas de hordas de ciudadanas europeas infectadas y que deambulan en busca de cerebros que comer? Chiquita chorrada, que diría una canaria.

Este ministro al menos será responsable, se moverá menos que los ojos de Espinete, digan lo que digan y decreten lo que decreten las amigas políticas. Y nunca aceptaré ni justificaré medidas que solo van en contra de nuestros intereses de gente normal y corriente. Y nunca me veré en la tesitura de tomar esas decisiones complicadas y difíciles porque no me presentaré nunca a elecciones, soy más de tomar decisiones de manera colectiva.

1https://www.xunta.gal/dog/Publicados/2021/20210226/AnuncioC3B0-240221-0001_es.html

2https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/en/qanda_21_1187

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